Sophy Antonella
(18-11-
2008/18-07-2013)
Sophy y Walker
Probablemente no recuerdan que en
el primer escrito sobre Sophy mencioné la llegada de Walker. ¿Quién es Walker? Aquí
les diré un poco sobre él y algunas otras cositas, no piensen que me desviaré
del tema de Sophy y los cachorros pero me parece que ya es hora de mencionarlo
en estas historias, después de todo él también es mi perro.
Cuando llegamos a casa de nuestra
amiga, encontramos a un perro cuyos ojos casi no se veían de la cantidad de
pelo que tenía. Parecía un animal de la calle que hacía meses quizás un año sin
haber ido a la peluquería aunque si estaba limpio, se le sentía el cabello
suave y fresco. Una vez que lo soltaron, puesto que estaba amarrado, el perro
se nos acercó a olernos y a saludarnos. No era un perro agresivo, afortunadamente. Nos sentamos a conversar y a
escuchar los detalles de su historia según la versión que manejaban nuestras
amigas.
La historia va más o menos así:
Walker es un Schnauzer pequeño que según sus documentos nació el 6 de
septiembre de 2007. La familia que lo compró lo quiso hasta que dejó de ser
cachorro (típico). Al parecer lo mantenían amarrado en el patio de la casa día
y noche. Lo trataban mal y no lo alimentaban bien. A juzgar por su apariencia
quizás ni siquiera lo alimentaban pues estaba en estado de desnutrición cuando
lo recibimos.
Una vecina se percató de esta situación y era ella quien lo
alimentaba y le hacía compañía cuando su dueña no estaba. Preocupada por el
estado del perro, como toda dueña de perros, se apiadó de él y le pidió a su dueña que se lo entregara que ella le buscaría una familia donde lo quisieran y lo cuidaran
mejor.
Esta señora lo cuidó, pero no podía quedárselo puesto que
ella ya tenía dos perros grandes y poco amigables con el recién llegado. Posteriormente, la señora se lo entregó a
otra familia donde había una niña que quería quedarse con el perro. La mamá de
la niña dijo que si pero el papa dijo que no lo podían adoptar. La señora
entonces lo llevó a casa de mi amiga donde estuvo por algunas semanas.
| Sophy Antonella |
Tal como lo mencioné antes, Walker estaba lleno de pelo por todas partes y parecía un perrito de la calle. Tenía manchas en la piel y estaba muy delgado, desnutrido. Pesaba apenas 6 kilos, se le contaban los huesos de las costillas con tan solo mirarlo. Al siguiente día lo llevé a la peluquería para que lo bañaran y le hicieran su corte estándar Luego lo llevamos al veterinario para que lo desparasitaran y le hicieran toda la revisión médica necesaria. La veterinario le recetó medicinas para la piel y nos mandó a darle vitaminas después que estuviese más recuperado para que pudiera absorberlas y mostrar su beneficios. En tan solo cuatro meses ya Walker Esteban, originalmente de nombre Rocco, mostraba una gran mejoría, estaba ganando peso y cambiando su comportamiento.
En una ocasión, cuenta Rebeca, estábamos en la cocina de la
casa, y de repente por accidente se cayó una olla en el piso que, como es de
esperarse, ocasionó un ruido muy alto. Este ruido asustó tanto a Walker que el
pobre se hizo pipi. Este incidente nos hizo presumir que él en efecto era un
perro maltratado pues esa reacción es típica de un perro que ha vivido eventos traumáticos
que perduran en su memoria, aunque algunos digan que los perros no tienen
memoria y/o recuerdos y solo viven el día a día.
La máxima felicidad la sentimos cuando logramos después de
mucho tiempo que Walker Esteban se sintiera seguro y confiado en su nuevo hogar
y lo demostrara al acostarse patas arriba, en señal de total paz. Fue entonces
cuando sentimos que la mayor parte del trabajo lo habíamos logrado. Walker
Esteban ya se sentía parte de nuestra familia, lo suficiente como para mostrase
indefenso. Entonces, ya no era una sola perra, ya eran dos perros:
Sophy Antonella y Walker Esteban. De un momento a otro nos habíamos convertido en rescatistas, entrenadoras, cuidadoras, psicólogas caninas y madres de dos hermosos perros Schnauzers.
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