lunes, 22 de julio de 2013

Sophy Antonella 10 y Walker

Sophy Antonella

(18-11- 2008/18-07-2013)


Sophy y Walker


Probablemente no recuerdan que en el primer escrito sobre Sophy mencioné la llegada de Walker. ¿Quién es Walker? Aquí les diré un poco sobre él y algunas otras cositas, no piensen que me desviaré del tema de Sophy y los cachorros pero me parece que ya es hora de mencionarlo en estas historias, después de todo él también es mi perro.     

Tal como les conté, Sophy llegó a casa  en marzo de 2009, tan solo cinco meses después, el día domingo 23 de agosto, Rebeca y yo estábamos de paseo con unos amigos de Valencia que vinieron de visita solo por ese día. Como todo visitante que viene a Caracas, nuestros amigos querían subir al Ávila en teleférico, extraño ¿verdad? Al parecer no mucha gente sabe que en la ciudad, además del Ávila, hay muchos otros lugares donde ir a pasear y pasar un buen rato.  En fin…, mientras estábamos allá arriba en la montaña recibí un mensaje de texto de una querida amiga que me decía que tenían un perro macho adulto de raza Schnauzer que necesitaba entregar en adopción.  Sin indagar mucho en los detalles, se lo comenté a Rebeca quien sin siquiera pensarlo o mostrar algo de duda me dijo que lo fuéramos a buscar y lo adoptáramos.   Yo pensé que era una locura, sin embargo, luego pensé que sería un buen compañero para Sophy. Al  final de la tarde casi noche, luego de culminado el paseo por Ávila Mágica, cómo se llamaba entonces, manejamos hasta Guarenas para ir a buscar al perro.  

Cuando llegamos a casa de nuestra amiga, encontramos a un perro cuyos ojos casi no se veían de la cantidad de pelo que tenía. Parecía un animal de la calle que hacía meses quizás un año sin haber ido a la peluquería aunque si estaba limpio, se le sentía el cabello suave y fresco. Una vez que lo soltaron, puesto que estaba amarrado, el perro se nos acercó a olernos y a saludarnos. No era un perro agresivo,  afortunadamente. Nos sentamos a conversar y a escuchar los detalles de su historia según la versión que manejaban nuestras amigas. 

La historia va más o menos así:    

Walker es un Schnauzer pequeño que según sus documentos nació el 6 de septiembre de 2007. La familia que lo compró lo quiso hasta que dejó de ser cachorro (típico). Al parecer lo mantenían amarrado en el patio de la casa día y noche. Lo trataban mal y no lo alimentaban bien. A juzgar por su apariencia quizás ni siquiera lo alimentaban pues estaba en estado de desnutrición cuando lo recibimos.

Una vecina se percató de esta situación y era ella quien lo alimentaba y le hacía compañía cuando su dueña no estaba. Preocupada por el estado del perro, como toda dueña de perros, se apiadó de él y le pidió a su dueña que se lo entregara que ella le buscaría una familia donde lo quisieran y lo cuidaran mejor.
Esta señora lo cuidó, pero no podía quedárselo puesto que ella ya tenía dos perros grandes y poco amigables con el recién llegado. Posteriormente, la señora se lo entregó a otra familia donde había una niña que quería quedarse con el perro. La mamá de la niña dijo que si pero el papa dijo que no lo podían adoptar. La señora entonces lo llevó a casa de mi amiga donde estuvo por algunas semanas.

Sophy Antonella
Mi amiga, sabiendo que ya teníamos a Sophy Antonella, pensó que quizás Rebeca y yo podríamos adoptarlo porque sabía que nosotras amamos los perros. Desde ese día Walker se quedó en nuestra casa y pasó a ser parte de nuestra familia. 






Tal como lo mencioné antes, Walker  estaba lleno de pelo por todas partes y parecía un perrito de la calle. Tenía manchas en la piel y estaba muy delgado, desnutrido. Pesaba apenas 6 kilos, se le contaban los huesos de las costillas con tan solo mirarlo. Al siguiente día lo llevé a la peluquería para que lo bañaran y le hicieran su corte estándar  Luego lo llevamos al veterinario para que lo desparasitaran y le hicieran toda la revisión médica necesaria. La veterinario le recetó medicinas para la piel y nos mandó a darle vitaminas después que estuviese más recuperado para que pudiera absorberlas y mostrar su beneficios. En tan solo cuatro meses ya Walker Esteban, originalmente de nombre Rocco, mostraba una gran mejoría, estaba ganando peso y cambiando su comportamiento. 

Con mucha paciencia, cuidados y mucho amor, Rebeca comenzó a enseñarle los comandos de obediencia básicos  como a sentarse, a dar la pata, a quedarse tranquilo, acostarse, a respetar la hora de la comida y aprender el horario para salir a hacer sus necesidades. Por mi parte, me tocó enseñarle a comportarse en la calle, a esperar mi orden para cruzar la calle, a caminar a mi lado sin halar (esto último nunca lo aprendió, pero lo intenté) entre otras cosas.  


Naturalmente, su primer día en casa no recibió la mejor bienvenida por parte de Sophy Antonella quien lo vio como un intruso y lo ubicó en su lugar, ella le hizo saber que ella era la que mandaba en casa y en su territorio. No le permitía que se acostara en su cama. Unos meses después, las cosas habían cambiado, Sophy y Walker eran grandes compañeros, comían y bebían del mismo plato. Sophy aprendió a comportase como una perra y Walker aprendió a comportarse como un perro decente. Él la protegía de otros perros y asumió su rol de macho dominante, aunque Sophy lo regañaba cada vez que era necesario. Había pues un equilibrio entre ambos. 

Las visitas diarias al parque La Mansión ciertamente también contribuyeron en su proceso de socialización. El compartir con otros perros contribuyó a que bajara su nivel de agresividad, no obstante, se incrementó su actitud protectora hacia Sophy.  De alguna manera poco a poco fuimos creándole una rutina y un patrón de comportamiento a seguir. Tampoco fue tan fácil como suena, al principio tenía tendencias escapistas. Varias veces se escapó del parque, lo que nos hacía además de asustarnos salir corriendo a perseguirlo y traerlo de vuelta al parque. Por fortuna, esto se repitió hasta un máximo de tres veces, cuando decidimos ponerle más disciplina y hacerle entender quién es el líder de la manada: nosotras, sus dueñas.  No habíamos querido ser tan estrictas con él dado su historial, pero no podíamos permitir que la situación se saliera de control.   

En una ocasión, cuenta Rebeca, estábamos en la cocina de la casa, y de repente por accidente se cayó una olla en el piso que, como es de esperarse, ocasionó un ruido muy alto. Este ruido asustó tanto a Walker que el pobre se hizo pipi. Este incidente nos hizo presumir que él en efecto era un perro maltratado pues esa reacción es típica de un perro que ha vivido eventos traumáticos que perduran en su memoria, aunque algunos digan que los perros no tienen memoria y/o recuerdos y solo viven el día a día.       

La máxima felicidad la sentimos cuando logramos después de mucho tiempo que Walker Esteban se sintiera seguro y confiado en su nuevo hogar y lo demostrara al acostarse patas arriba, en señal de total paz. Fue entonces cuando sentimos que la mayor parte del trabajo lo habíamos logrado. Walker Esteban ya se sentía parte de nuestra familia, lo suficiente como para mostrase indefenso. Entonces, ya no era una sola perra, ya eran dos perros: Sophy Antonella y Walker Esteban. De un momento a otro nos habíamos convertido en rescatistas, entrenadoras, cuidadoras, psicólogas caninas y madres de dos hermosos perros Schnauzers. 





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