lunes, 22 de julio de 2013

Sophy Antonella 11 y Walker

Sophy Antonella
(18-11- 2008/18-07-2013)



Sophy y Walker

En el post anterior les hablé de Walker Esteban, quizás se estarán preguntando ¿por qué si llegó este nuevo perro macho tan solo cinco meses después de Sophy Antonella, no lo escogimos a él para montar a Sophy? Les explico: Cuando se toma la decisión de montar a la perra para que tenga sus cachorros, hay que hacerlo con la responsabilidad que el caso amerita.  

Si bien Walker es un perro Schnauzer al igual que Sophy, ambos son de diferentes tamaños. Los perros Schnauzer se clasifican en tres tamaños, miniatura, estándar y gigante. Cada uno tiene sus medidas específicas en tamaño y peso, así como otras características que no especificaré aquí. El detalle era que, si bien ambos encajan dentro de la primera clasificación, es decir, el Schnauzer miniatura, Sophy era más pequeña de lo normal y Walker era más grande de lo usual en este tipo de perros. De manera que al ser de tamaños y medidas tan dispares no se podía hacer un apareamiento. Por un lado para mantener la pureza de la raza y por otro lado para evitar posibles complicaciones en la perra hembra debido al tamaño de los cachorros por influencia del padre. De manera que para evitar cualquiera de estas dos situaciones, lo ideal era encontrar un ejemplar de su mismo tamaño y peso. Tanto Paco como Zeus tenían ese perfil.

Al llegar Walker a nuestras vidas debíamos pensar que en el momento que a Sophy le llegara su celo, Walker tendría toda la intención de montarla. Para evitarlo a toda costa debíamos tomar la decisión de castrarlo. Puesto que no teníamos mucha información sobre él, desconocíamos si ya  había tenido experiencia en montar alguna perra bien sea a propósito o accidentalmente. De cualquier manera eso era irrelevante. Luego de haber llegado Walker, el celo de Sophy se esperaba llegase entre diciembre de ese año 2009 y enero de 2010. Sería el segundo celo de Sophy, aún era muy pronto para montarla. Los veterinarios y criadores recomiendan esperar por lo menos hasta el tercer celo para montar a la perra, ya que para ese momento se supone ya ella ha llegado al desarrollo pleno y está lista para procrear.    

Hasta ese momento, y por varias razones, se nos había hecho imposible llevar a Walker al veterinario para someterlo a la castración.  Llegó el día del celo de Sophy y debíamos encontrar la solución. El comportamiento del perro macho frente al celo de la hembra es algo completamente irracional, bueno la hembra tampoco es que mantiene un comportamiento ejemplar. Ambos responden y actúan según su instinto animal. Tanto el macho como la hembra en ciertos días, de los 21 días que dura el celo, desean montar y ser montada. El perro se obsesiona y llora día y noche, el llanto puede estar acompañado de ladridos, podría perder el apetito y dejar de comer lo que indudablemente acarrea consecuencias a su salud.  La hembra por su parte, bueno, ella solo quiere que la monten. 


Una vez más nos vimos frente a una situación que requería buscar y encontrar una solución. Lo comentamos entre los amigos del parque y la recomendación era separar los perros, pero naturalmente no queríamos separarnos de ninguno de los dos. Pero debíamos hacerlo. Serían 21 días de celo que podrían tornarse en días de tortura y sufrimiento para todos. 

Nuevamente, Alfonso nos sorprendía con un ofrecimiento que nos resolvía el problema pero que no nos gustaba por todo lo que implicaba y obviamente por el precedente del parque que mencioné en el escrito número 2. Él ofreció mantener a Sophy en su casa mientras estuviese en celo. Lo pensamos, lo consideramos, lo discutimos, pusimos en una balanza el pro y el contra y al final decidimos llevarla a casa de Alfonso. Allí estaría en compañía de su amiga Kleo y podríamos ir a verla con frecuencia.  
Alfonso y Kleo

Pasados diez días en su casa, recibimos una llamada de Alfonso para decirnos que Sophy, nuevamente se había escapado pero que habían podido rescatarla inmediatamente. Eso fue suficiente para que Sophy regresara a casa. Apenado por lo sucedido y quizás con la genuina intención de ayudarnos, Alfonso nos consiguió y nos donó un kennel que aunque era usado aún estaba en buenas condiciones. Ese kennel se convirtió en el refugio de Walker. Allí se siente seguro, le sirve para esconderse cuando hace algo indebido. Para esconder la comida cuando se la roba de la mesa. Para dormir, para huir y protegerse del ruido que lo asusta o sencillamente para descansar luego de una tarde de parque y juego y por supuesto para encerrarlo cuando se porta mal y es necesario reprenderlo. 

Faltando pocos días para que el celo de Sophy terminara la peor crisis había pasado y ya ambos perros estaban tranquilos y cuando Walker se ponía intenso y buscaba montar a Sophy lo encerramos en el kennel por un rato hasta que se calmara. Así pudimos resolver el segundo celo. En mayo del año 2010, llevamos a Walker para su castración. Fue un procedimiento rápido nada traumático pero si de cuidado.  Debíamos comprarle un collar isabelino para evitar que se lamiera la herida y se quitara los puntos. No obstante, una vez más la creatividad de Rebeca privó y ella le elaboró un collar hecho en casa que sirvió al propósito: mantener su lengua alejada de la herida. 

Superado el episodio del celo de Sophy, las cosas regresaron a la normalidad, ambos perros estaban en casa. Nosotras habíamos aprendido otra lección y seguíamos con la rutina. Viviendo la vida ahora también a través de nuestros hermosos perros.   
            
 Continuará...


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