Sophy Antonella
(18-11-
2008/18-07-2013)
Sophy y Walker
En el post anterior les hablé de
Walker Esteban, quizás se estarán preguntando ¿por qué si llegó este nuevo
perro macho tan solo cinco meses después de Sophy Antonella, no lo escogimos a
él para montar a Sophy? Les explico: Cuando se toma la decisión de montar a la
perra para que tenga sus cachorros, hay que hacerlo con la responsabilidad que
el caso amerita.
Si bien Walker es un perro Schnauzer
al igual que Sophy, ambos son de diferentes tamaños. Los perros Schnauzer se
clasifican en tres tamaños, miniatura, estándar y gigante. Cada uno tiene sus
medidas específicas en tamaño y peso, así como otras características que no
especificaré aquí. El detalle era que, si bien ambos encajan dentro de la primera
clasificación, es decir, el Schnauzer miniatura, Sophy era más pequeña de lo
normal y Walker era más grande de lo usual en este tipo de perros. De manera
que al ser de tamaños y medidas tan dispares no se podía hacer un apareamiento.
Por un lado para mantener la pureza de la raza y por otro lado para evitar
posibles complicaciones en la perra hembra debido al tamaño de los cachorros
por influencia del padre. De manera que para evitar cualquiera de estas dos
situaciones, lo ideal era encontrar un ejemplar de su mismo tamaño y peso.
Tanto Paco como Zeus tenían ese perfil.
Hasta ese momento, y por varias
razones, se nos había hecho imposible llevar a Walker al veterinario para
someterlo a la castración. Llegó el día
del celo de Sophy y debíamos encontrar la solución. El comportamiento del perro
macho frente al celo de la hembra es algo completamente irracional, bueno la
hembra tampoco es que mantiene un comportamiento ejemplar. Ambos responden y actúan
según su instinto animal. Tanto el macho como la hembra en ciertos días, de los
21 días que dura el celo, desean montar y ser montada. El perro se obsesiona y
llora día y noche, el llanto puede estar acompañado de ladridos, podría perder
el apetito y dejar de comer lo que indudablemente acarrea consecuencias a su
salud. La hembra por su parte, bueno,
ella solo quiere que la monten.
Una vez más nos vimos frente a
una situación que requería buscar y encontrar una solución. Lo comentamos entre los amigos
del parque y la recomendación era separar los perros, pero naturalmente no queríamos
separarnos de ninguno de los dos. Pero debíamos hacerlo. Serían 21 días de celo
que podrían tornarse en días de tortura y sufrimiento para todos.
Nuevamente, Alfonso nos
sorprendía con un ofrecimiento que nos resolvía el problema pero que no nos
gustaba por todo lo que implicaba y obviamente por el precedente del parque que
mencioné en el escrito número 2. Él ofreció mantener a Sophy en su casa mientras
estuviese en celo. Lo pensamos, lo consideramos, lo discutimos, pusimos en una
balanza el pro y el contra y al final decidimos llevarla a casa de Alfonso. Allí
estaría en compañía de su amiga Kleo y podríamos ir a verla con frecuencia.
| Alfonso y Kleo |
Pasados diez días en su casa, recibimos
una llamada de Alfonso para decirnos que Sophy, nuevamente se había escapado
pero que habían podido rescatarla inmediatamente. Eso fue suficiente para que
Sophy regresara a casa. Apenado por lo sucedido y quizás con la genuina
intención de ayudarnos, Alfonso nos consiguió y nos donó un kennel que aunque era
usado aún estaba en buenas condiciones. Ese kennel se convirtió en el refugio
de Walker. Allí se siente seguro, le sirve para esconderse cuando hace algo
indebido. Para esconder la comida cuando se la roba de la mesa. Para dormir,
para huir y protegerse del ruido que lo asusta o sencillamente para descansar
luego de una tarde de parque y juego y por supuesto para encerrarlo cuando se
porta mal y es necesario reprenderlo.
Faltando pocos días para que el
celo de Sophy terminara la peor crisis había pasado y ya ambos perros estaban
tranquilos y cuando Walker se ponía intenso y buscaba montar a Sophy lo
encerramos en el kennel por un rato hasta que se calmara. Así pudimos resolver
el segundo celo. En mayo del año 2010, llevamos a Walker para su castración. Fue
un procedimiento rápido nada traumático pero si de cuidado. Debíamos comprarle un collar isabelino para
evitar que se lamiera la herida y se quitara los puntos. No obstante, una vez más la
creatividad de Rebeca privó y ella le elaboró un collar hecho en casa que
sirvió al propósito: mantener su lengua alejada de la herida.
Superado el episodio del celo de
Sophy, las cosas regresaron a la normalidad, ambos perros estaban en casa.
Nosotras habíamos aprendido otra lección y seguíamos con la rutina. Viviendo la
vida ahora también a través de nuestros hermosos perros.
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