miércoles, 24 de julio de 2013

Sophy Antonella 15, Walker y Stephy

Diciembre de 2010
Sophy, Waker y Stephy: ¡y ahora son tres!

Tal como mencioné en el post anterior, el 21 de diciembre entregamos a la última de los cachorros. A tan solo tres días de la noche de navidad, no había mucho tiempo para hacer preparativos típicos de la temporada. Así que, con tres perros en casa había que comprar juguetes para tres perros. No porque ellos los pidieran, los esperaban o de no tenerlos se molestarían, era más bien dar la bienvenida a Stephy a su nuevo hogar y si  le comprábamos un juguete a ella, había que comprarle a todos.

 Walker y Stephy



Les compramos tres juguetes de hule con forma de oso y un pitico que sonaba cada vez que los apretaban, es decir, con cada mordisco. Error: una hora después de haberles dado los osos ya me tenían atormentada de tanto ruido. También les compramos una pelota con un cascabel adentro, esa hacia menos ruido, no era tan grave.  Una hora más tarde, los osos ya estaban rotos y los pitos fuera del juguete. Walker era un depredador de juguetes. Lección aprendida. 


Las visitas al parque regresaron a su frecuencia regular, todas las tardes. Sophy, Walker y Stephy, se volvían locos cuando yo llegaba a casa a buscarlos en el carro. El sonido, los alertaba, salían corriendo y se paraban en la puerta a esperar que les abriera para ellos montarse. La distribución en el carro ya estaba decidida. Sophy siempre iba en el asiento de adelante y Walker atras, por dos razones, él era más grande y más inquieto, era imposible para él quedarse tranquilo. No podía ir adelante. Cuando llegó Stephy, por ser tan pequeña, no podíamos dejarla atrás con Walker pues él la podría pisar y hacerle daño. 

Durante el camino iban siempre tranquilos, al acercarnos al parque, les abríamos las ventanas para que ellos se familiarizaran con el olor de la zona. Mientras nos acercábamos al parque la emoción crecía, ya iban sentados en los asientos mirando a todos lados. Al llegar al parque, los ladridos eran ensordecedores. Al abrir la puerta era una locura, ellos salían ladrando y corriendo para entrar al parque. 


Lo primero que hacían al entrar era oler todo y buscar la mejor zona para hacer sus necesidades. Luego de hacer su necesidades. Estaban libres para recorrer cada rincón del parque. Oler a todos los perros presentes, saludar y comenzar a jugar. Ellos eran parte del comité de bienvenida del parque, es decir, cada vez que llegaba un perro nuevo o alguna persona por primera vez, ellos iban hasta la entrada para revisarlo completamente. Una vez que ya habían pasado la supervisión, ellos regresaban a sus juegos. 



Era sencillamente increíble, parecían no cansarse, corrían, corrían, caminaban, jugaban, saltaban sin parar de principio a fin del paseo. El lado positivo era que al llegar a casa estaban tan cansados que apenas si comían, tomaban agua y dormían profundamente hasta el día siguiente.    

Walker y Stephy desde un principio se compenetraron muy bien, a Stephy le gustaba morderle la barba y las orejas a Walker, mientras que él le mordía las patas. Para Stephy Walker era su líder. Ella lo seguía a donde él fuera. Sophy por otro lado, era muy tranquila. A ella le molestaba lo juguetona que era Stephy y casi siempre la regañaba y se alejaba de ella. Stephy quiso imponer su voluntad, pero se encontró con el carácter y dominio de Sophy. Sophy definitivamente era la que mandaba, a pesar de su pasividad.



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