miércoles, 24 de julio de 2013

Sophy Antonella 13, Walker y los cachorros

Sophy Antonella
(18-11- 2008/18-07-2013)


Sophy, Walker y los cachorros: cómo lidiar con 7 perros y un niño y no morir en el intento 

Una vez superado el incidente de eclampsia de Sophy, los días de alimentar a los cachorros con leche, luego con leche y papilla, después solo papilla de alimento, al comenzar a darles alimento canino para cachorros todo mejoró considerablemente. Los cachorros cumplieron su primer mes de vida, ya no estaban todo el tiempo en la cuna, ya debíamos sacarlos a que comenzaran a hacer sus necesidades en el lugar designado, marcado y delimitado con periódicos para tal propósito.   

Al comenzar a caminar debíamos igualmente estar pendientes de todo lo que mordían, bien para que no estropearan los zapatos (típico) o mordieran algún cable atravesado o cometieran alguna travesura lamentable normal en cachorros. 
Así que, se imaginaran la locura de estos meses, los dos meses que permanecieron en casa conviviendo, cinco cachorros, dos perros un niño y dos personas con trabajo altamente exigentes. Era una locura que afortunadamente supimos manejar. Los días iniciaban bien temprano, yo debía sacar a Sophy y a Walker a su paseo matutino para hacer sus necesidades, cuando no me tocaba ir a trabajar mi responsabilidad era llevar el chamo al colegio. Rebeca por su parte trabajaba todos los días, y cada día debía llevarse a los cachorros para poder alimentarlos cada dos o tres horas. Por fortuna en todo este proceso su jefe y amigo fue muy comprensivo y colaborador. Bueno, todo eso porque Sophy se había ganado su corazón y se lo había metido en el bolsillo. 
Sophy hacía con él lo que le daba la gana. Él inclusive le llevaba pollo para darle de comer al medio día. Para el desayuno, le llevaba jamón de pavo, cual diva, Sophy no aceptaba ningún otro tipo de jamón. De verdad, cuando “el viejo” así lo llamábamos de cariño, le llevaba un tipo de jamón que no fuese de pavo ella no lo comía. 

Dado que los cachorros no tenían sus vacunas completas no podíamos sacarlos y mucho menos llevarlos al parque, sin embargo, los llevamos en un par de ocasiones para que nuestros amigos del parque los conocieran. Sin tocarlos mucho, ni cargarlos ni tener mucho contacto con ellos. Tratábamos de evitar  que se contagiaran de alguna enfermedad, ya que sin el total de las vacunas eran presa fácil de cualquier virus, sobre todo en un parque de perros.  De tal manera que la presentación oficial en el parque debió esperar a que todos estuviesen completamente protegidos por las vacunas. Mientras tanto en casa, las cosas comenzaron a ser menos estresantes y más divertidas.   


Luego del parto, las perras se transforman en madres sumamente protectoras de sus crías, algunas perras no permiten que nadie se le acerque a sus cachorros, cuando digo nadie, significa nadie, ni humanos ni perros. Walker, por tener un carácter explorador y aventurero muy desarrollado, además de ser extremadamente curioso, quiso acercarse a Sophy para olerla y ver lo que estaba pasando. Esto sucedió a pocos días del parto. Walker se acercó a ver a Sophy y a los cachorros y se encontró con una madre como cualquiera. Ella le ladró a Walker y amenazó con atacarlo.   Ante esta reacción jamás vista en Sophy, todos nos quedamos sorprendidos y visiblemente asustados pero que Walker se llevó la mayor parte del susto.   Él se alejó de Sophy, pegó un brinco y se fue a buscar protección en Andrés.   A partir de ese momento, Walker cada vez que veía a los cachorros les huía.   No sabemos si fue a partir de ese incidente con Sophy o porque nunca antes había visto unos cachorros. Cuando los perros comenzaron a caminar y se le acercaban el salía a esconderse en su kennel. Poco a poco fuimos buscando la manera de acercar a Walker a los cachorros y que les perdiera el miedo. 


Desde un principio vimos que una de las cuatro perras lo buscaba y se le acercaba con más frecuencia que las demás y siempre buscaba morderle la barba. Esa era la perra que habíamos identificado con la cinta roja, era la única de color negro, el resto de los perros eran color sal y pimienta. Hasta ese momento ninguno de los perros tenía un nombre, los identificábamos por el color de la cinta y alguna característica en particular. 


Esta parte de la historia es bien agradable. Las tremenduras de los cachorros nos hacían reír mucho y aunque también nos tocaba limpiar la casa con más frecuencia todo valía la pena. Los momentos de esparcimiento con los cachorros eran más frecuentes y cada vez más divertidos. El saldo final, mucho libros con marcas de dientes de cachorros, mesas y sillas de madera destrozadas, zapatos rotos y llenos de agujeros y muchos daños más. Aunque en realidad si fue agotador cumplir con todo, lo hacíamos con amor y por eso lo logramos. 
           





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